Cultura

Elemental, querido Erlich

Una historia visual detectivesca sobre espejos, percepción y los viejos trucos analógicos que la inteligencia artificial solo aprendió a automatizar.

Silvina Scarano Semana 04 Read in English
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abstracto hombre y esculturas
AI assisted/generated image

Estoy en París. Cruzo una esquina mojada cerca del Sena. Hay sombras demasiado perfectas. Reflejos sospechosos. Ventanas donde pareciera que alguien me observa. París funciona como un decorado elegante donde todo podría ser real o una puesta en escena. Entre los magos del siglo XIX, los espejos surrealistas y los ladrones sofisticados al estilo Lupin, Francia convirtió la ilusión en una marca cultural. La ciudad sigue produciendo la sensación de estar dentro de una película.

El artista argentino Leandro Erlich es un confeso admirador del cine. Creció mirando películas en VHS y aprendió de Hitchcock a tratar el espacio común que habitamos y transitamos diariamente como un personaje más. Lo puede hacer en Buenos Aires, su ciudad natal, o en Tokio, o en Venecia o aquí, en París. En el Grand Palais de París un cartel muy vistoso anuncia su gran retrospectiva.

Hay momentos de la muestra que parecen escenas congeladas entre un robo elegante de Lupin y una instalación de René Magritte. Erlich no engaña, no quiere ocultar el truco; al contrario, lo expone. Uno ve los espejos, las perspectivas, las estructuras. Y, aun así, el cerebro sigue entrando en conflicto. Entender el dispositivo forma parte de la obra. Es filosofía de la percepción. Sabés que la pileta que estás viendo no tiene agua encima tuya, sabés que el edificio no está inclinado, sabés que el espejo es una ilusión espacial. Aun así, tu sistema perceptivo continúa dudando.

Entro creyendo que voy a ver obras y termino entendiendo que me he convertido, junto al resto de los visitantes, en el material en exhibición. En sus famosos laberintos de espejos interconectados, uno camina esperando encontrar su propio reflejo, pero de golpe el espejo se revela como un marco vacío y lo que encontrás del otro lado es a otro ser humano que te devuelve la mirada. La ilusión óptica te descoloca, el encuentro real es con el otro. El espejo somos nosotros.

Nos asomamos a las pantallas buscando una entidad mágica y autónoma, pero el cristal es translúcido. Lo que hay del otro lado es un espejo gigante de nuestra propia historia, nuestra cultura y nuestros sesgos. Ilusión psicológica.

No se trata del discurso sobre la ilusión. Eso ya lo hacía el barroco. Las escenografías barrocas ya entendían el efecto inmersivo antes del metaverso. La ficción ahora opera con la textura de la realidad. En tiempos de inteligencia artificial generativa, renders hiperrealistas y scroll infinito, algunas muestras dejan de ser un lugar de contemplación y te invitan a entrenar la desconfianza visual. Pensamiento crítico. Ver ya no significa creer. Significa dudar.

La obra de Leandro Erlich vuelve tangible esa sensación de realidad desplazada. Su inteligencia humana, su creatividad, su interés en la percepción exponen la continuidad histórica entre las ilusiones analógicas y las digitales. No necesita cascos virtuales ni pantallas inmersivas. Erlich no engaña, revela. Trabaja con materiales elementales: arquitectura, reflejos, perspectiva, escala. Como si dijera que el algoritmo no inventó el engaño visual, solo lo automatizó. ¿Cómo lo hizo?

"Elemental, mi querido Watson; solo ordené los patrones que ya estaban ahí". -IA




Leandro Erlich

2 de junio - 6 de septiembre, 2026

June 2 – September 6, 2026

Curador: Fabrice Bousteau

Curator: Fabrice Bousteau

Grand Palais, Paris, Francia

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